
Escuchar implica oír y comprender lo que se dice. Oír es sólo percibir las palabras sin darnos cuenta de lo que significan. Comprender es interpretar adecuadamente o darle significado correcto a lo que se oye. Para comprender lo que se oye es indispensable atender a lo que se dice.
Es muy importante tener en cuenta que esta habilidad, que es esencial para el desarrollo integral de nuestros niños y para su aprendizaje, no es un Don natural, si no que es una habilidad que debemos fomentar.
Los padres deben prestar mayor atención a esta habilidad, considerando las siguientes recomendaciones:
Tener en cuenta:
Para poder desarrollar esta cualidad en nuestros hijos, es muy importante también saber escuchar y prestar atención a lo que ellos nos están diciendo. Para ello es necesario enfatizar algunos aspectos que son necesarios para no perjudicar nuestra actitud de escucha, como:
· No interrumpirlos cuando nos estén contando algo.
· Permitirles que expresen abiertamente todo lo que quieren transmitir.
· Preguntarles sobre aquellos aspectos que puedan quedar confusos.
Se pueden utilizar verbalizaciones del tipo "sí", "hum","ajá", asentir con la cabeza, formular preguntas breves matizando lo que están diciendo como “¿sí?”, “no me digas” A través de ellas, no sólo obtenemos información sino que también estamos manifestando nuestro interés en lo que está diciendo y le estamos dando a entender que nos interesamos por los comentarios que nos está expresando. Recuerde: Ustedes son sus principales modelos.
Sugerencias
· Háblele sobre temas que le interesen.
· Enséñele a cómo saber cuándo es su turno para hablar y cuándo debe escuchar.
· Cuando interrumpa una conversación en casa, corríjalo.
· Enséñele a esperar su turno.
· Realicen juegos como: Salir al parque para ver cuantos sonidos diferentes pueden identificar. (Pájaros, carros, perros, niños, etc.)
· Nómbrele 5 objetos y después pídale que los repita.
· Juegue “Simón Dice”.
· Haga preguntas acerca de una historia leída.
· Déle una lista de tres cosas que debe hallar. Cuando sea capaz de hacerlo, entonces déle una lista con cuatro cosas (y así sucesivamente).

La Constitución nos abriga. Corresponde (según Agnès Heller) a la más sofisticada manera de sentirse en casa la de quien se siente en casa allí donde hay una plena vigencia de la Constitución y donde esta es conocida e invocada como referente común último por cualquier par de conciudadanos (patriotismo constitucional). El marco de derechos, libertades y restricciones deliberadamente adoptadas en la Constitución constituye, en ese caso, un auténtico abrigo compartido. Por eso es preocupante que durante ocho años Colombia haya sido gobernada por un equipo que públicamente consideró excesivas las garantías constitucionales e impulsó reformas en puntos sustantivos (incluida la que autorizó la posibilidad de una reelección presidencial).La Constitución invita a considerarnos mutuamente ciudadanos portadores de derechos y deberes. Según Habermas, alcanza su máximo grado de autonomía moral aquella persona que firmaría la Constitución de su país como si la hubiera escrito ella misma. La Constitución colombiana es universalista al incorporar como parte de ella convenciones internacionales como la que establece los derechos de la niñez y la adolescencia. Lo es al prohibir la pena de muerte. (Art. 11: El derecho a la vida es inviolable. No habrá pena de muerte.) Lo es al proteger la libertad de conciencia. (Art. 18: Se garantiza la libertad de conciencia. Nadie será molestado por razón de sus convicciones o creencias ni compelido a revelarlas ni obligado a actuar contra su conciencia.)







